Recordar mi primer contacto con el sexo todavía me pone muchas cosas de punta.
Reviviendo aquellas imágenes, rememorando aquellos aromas, el corazón se me acelera hasta querer escaparse del pecho, ¡y no es el único órgano que busca escapar de su guarida de forma explosiva!.
En aquel entonces tenía apenas vello, tanto en el pubis como en la cara y, aún no había llegado, ni de lejos, a la madurez de la foto. Pero raro era el día que el asta de mi bandera no se elevaba al cielo una docena de veces. Con tantas ansias descontroladas, era cuestión de tiempo encontrar una ocasión propicia para dar el salto cualitativo y aprender a utilizar mi arma.


